jueves, 7 de junio de 2012

Olvídate de mí, amor por los contrastes

Eternal Sunshine of the Spotless Mind es una película estadounidense de 2004, dirigida por Mchel Gondry y protagonizada por Jim Carrey y Kim Winslet. Fue ganadora del premio Oscar 2005 al Mejor guion original. Recibió también el premio BAFTA 2005 al Mejor montaje (Valdís Óskarsdóttir), y al Mejor guion original. 
La cinta recibió otros treinta y tres premios cinematográficos más.

Es una de mis películas favoritas, tanto por el tema que trata como por cómo lo trata. Resulta además muy interesante la paleta de emociones y géneros que toca. Y, por supuesto, como es habitual en Michel Gondry, el ingenio y la maestría a la hora de mezclar recursos y efectos especiales digitales muy novedosos con otros más clásicos o analógicos, siempre al servicio de la historia y dotando a la película de una atmósfera general surrealista, dulce, divertida, fría y absurda por momentos.  

Estamos ante una comedia romántica, un drama y también una obra de ciencia ficción (a veces recuerda, sobre todo por el guion,  a Philip K Dick),  géneros todos ellos sabiamente machacados y  administrados con buen ritmo y un difícil equilibrio alcanzado a la hora de desarrollar la historia, que, por las estrategias narrativas con la que es abordada, a veces no resulta sencilla pero tampoco llega a epatar, aburrir o perder en intensidad emocional.

El mérito es del director, Michel Gondry, ex músico punk y célebre director de videoclips que, tras su primera película Human Nature, consigue, quizás mejor que en cualquier otra, una redondez asombrosa, desplegando todo su personalísimo mundo creativo sin comerse la historia gracias también a uno de los guionistas más atrevidos del momento, Charlie Kaufman, responsable de títulos tan interesantes como “Adaptation” o “Cómo ser John Malkovich”. Además, quizás para asegurar la notoriedad entre la industria y el gran público, las inolvidables actuaciones de Kin Winslet y un por fin no tan cansinamente gesticulante Jim Carrey (de hecho gracias a esta película dejé de odiarlo)
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 Respecto a la química entre el director y el guionista el productor Steve Golin (cuyo anterior proyecto fue “Cómo ser John Malkovich”) comenta que Gondry y Kaufman se complementan: "Michel tiene la capacidad de visualizar las cosas pero a la vez tiene mucha sensibilidad, lo cual a veces les falta a las personas que tienen mucha capacidad visual, pero tiene mucha humanidad. Con respecto a Charlie, creo que es el escritor más imaginativo con quien he trabajado. Crea personajes y situaciones que son reconocibles pero muy poco corrientes y también tiene ideas muy visuales".

Es destacable  a su vez el buen gusto musical del director que en esta cinta no supone una excepción, incluyendo además para el final una canción de Beck (con el que ha trabajado en videoclips).

Volviendo a la historia, si eres de los que no suelen encontrar películas que reflejen de forma atractiva e interesante, más allá de lo relamido, las contradicciones y vericuetos de las buenas historias de amor, ésta sin duda te gustará. O, por lo menos, te sorprenderá. A mi personalmente las dos veces que la he visto me ha tocado y, eso, al final, quizás sea lo más importante. 
Si hace más de medio siglo la gente aprendía a besar y soñar con las grandes historias de amor del celuloide, hoy, me da a mí, deconstruir y reconstruir el amor de forma seria y divertida es una de las tareas de este arte.  Y esta película es un gran salto en esa dirección.

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