Eternal Sunshine
of the Spotless Mind es una película estadounidense
de 2004, dirigida por Mchel Gondry y protagonizada por Jim Carrey y Kim Winslet. Fue ganadora del premio Oscar 2005 al Mejor guion
original. Recibió también el premio BAFTA 2005 al Mejor montaje (Valdís
Óskarsdóttir), y al Mejor guion original.
La cinta recibió otros treinta y tres premios cinematográficos
más.
Es una de mis películas favoritas, tanto por el tema que
trata como por cómo lo trata. Resulta además muy interesante la paleta de
emociones y géneros que toca. Y, por supuesto, como es habitual en Michel Gondry,
el ingenio y la maestría a la hora de mezclar recursos y efectos especiales digitales
muy novedosos con otros más clásicos o analógicos, siempre al servicio de la
historia y dotando a la película de una atmósfera general surrealista, dulce,
divertida, fría y absurda por momentos.
Estamos ante una comedia romántica, un drama y también una obra de
ciencia ficción (a veces recuerda, sobre todo por el guion, a Philip K Dick), géneros todos ellos sabiamente machacados y administrados con buen ritmo y un difícil
equilibrio alcanzado a la hora de desarrollar la historia, que, por las
estrategias narrativas con la que es abordada, a veces no resulta sencilla pero
tampoco llega a epatar, aburrir o perder en intensidad emocional.
El mérito es del director, Michel Gondry, ex músico punk y
célebre director de videoclips que, tras su primera película Human Nature,
consigue, quizás mejor que en cualquier otra, una redondez asombrosa,
desplegando todo su personalísimo mundo creativo sin comerse la historia
gracias también a uno de los guionistas más atrevidos del momento, Charlie Kaufman, responsable de
títulos tan interesantes como “Adaptation” o “Cómo ser John Malkovich”. Además,
quizás para asegurar la notoriedad entre la industria y el gran público, las
inolvidables actuaciones de Kin Winslet y un por fin no tan cansinamente
gesticulante Jim Carrey (de hecho gracias a esta película dejé de odiarlo)
.
Respecto a la química
entre el director y el guionista el productor Steve Golin (cuyo anterior
proyecto fue “Cómo ser John Malkovich”) comenta que Gondry y Kaufman se
complementan: "Michel tiene la capacidad de visualizar las cosas pero a
la vez tiene mucha sensibilidad, lo cual a veces les falta a las personas que
tienen mucha capacidad visual, pero tiene mucha humanidad. Con respecto a
Charlie, creo que es el escritor más imaginativo con quien he trabajado. Crea
personajes y situaciones que son reconocibles pero muy poco corrientes y
también tiene ideas muy visuales".
Es destacable a su
vez el buen gusto musical del director que en esta cinta no supone una
excepción, incluyendo además para el final una canción de Beck (con el que ha
trabajado en videoclips).
Volviendo a la historia, si eres de los que no suelen encontrar
películas que reflejen de forma atractiva e interesante, más allá de lo
relamido, las contradicciones y vericuetos de las buenas historias de amor,
ésta sin duda te gustará. O, por lo menos, te sorprenderá. A mi personalmente
las dos veces que la he visto me ha tocado y, eso, al final, quizás sea lo más
importante.
Si hace más de medio siglo la gente aprendía a besar y soñar con
las grandes historias de amor del celuloide, hoy, me da a mí, deconstruir y
reconstruir el amor de forma seria y divertida es una de las tareas de este
arte. Y esta película es un gran salto en esa dirección.
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