miércoles, 6 de junio de 2012

Man from earth, explosión de muy bajo presupuesto


De entre muchas finalmente he elegido esta película por dos motivos sobre todo: 
por que es un muy buen ejemplo del cine entendido como vehículo de ideas, reflexiones y preguntas, en contraposición al cine esteticista o efectista que siempre cuenta la misma historia y al que la odiosa industria hegemónica estadounidense nos tiene demasiado acostumbrados y, en segundo lugar, porque demuestra, como ya hicieran directores como Truffaut, que se pueden hacer películas estupendas con dos duros.

Un tercer motivo es que no desentona con el resto de películas vistas en esta asignatura, tiene mucho que ver con la ciencia-ficción, la fantasía y la filosofía más visceral. Incluso con la teología...

No es una obra maestra, pero sus grandes aciertos apenas se ven empañados por sus limitaciones (más que errores). De hecho esas limitaciones le dan un encanto especial.

Casi toda la película transcurre en una habitación donde el protagonista, John Oldman, reunido con sus mejores amigos,  revela, poco a poco su insólita historia ante la estupefacción de todos. Un marco poco habitual para este tipo de historias, aquí no hay efectos especiales, ni alienígenas, ni monstruos ni la casa blanca es destruida. Sin embargo, bien podría ser el fin del mundo tal y como lo conocemos. Aunque nos resulte increíble la historia, el espectador no puede sino engancharse y llegar hasta el final con la limpia atención de un niño. Y esa es la gran magia del cine que, en mayor o menor medida, toda película debe tener.

Así que bravo por el director, Richard Schenkman, por el guion, con una responsabilidad capital, y por los actores, desconocidos y muy acertados.

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