jueves, 7 de junio de 2012

El Mago de Oz, lecciones psicodélicas para todos los públicos

De Victor Fleming. 1939.

Esta película marcó mi infancia. Por sus colores y su banda sonora, especialmente la mítica “Over the rainbow”. Por el viaje de Dorothy a una onírica realidad donde todo es posible y a veces no está tan claro quiénes son los buenos y quiénes los malos. Por sus alegóricos y entrañables personajes. Porque Dorothy estaba sola, sin padres ni policía ni autoridad encima. Por la bruja, por ser verde. Por el inquietante mago de Oz y la increíble revelación que supone entender su verdadera identidad. 

Y no sólo mi infancia, claro. Durante casi 70 años ya, también la de millones de niños y niñas y niños y niñas que sobreviven dentro de muchos adultos. Es una de las películas para todos los públicos más imperecederas de la historia.  A Hollywood le costó esfuerzo y tiempo dar con el equipo necesario para rodarla y, visto el resultado, mereció la pena. Además de una historia y un guión de gran altura, destaca especialmente la banda sonora, el tratamiento del color, el fantástico mundo recreado y la actuación de Judy Garland. Seguramente, de no haber tenido que competir ese año con “Lo que el viento se llevó”, hubiera acaparado los principales premios de la industria.

Además, su estreno en pleno inicio de la Segunda Guerra Mundial multiplicó sus efectos catárticos y psicodélicos. Cuando vemos a Dorothy rendida por el sopor en los campos de la adormidera, quizás no fuéramos conscientes de que la protagonista de la historia seguía los pasos de una gran tradición a lo largo de la Historia de la humanidad. Tradición de un camino, baldosas amarillas aparte,  de una forma de conocimiento del mundo exterior e interior que permanecía vetado a nivel de masas, especialmente desde el puritanismo victoriano y sus distorsiones imperantes en el mundo anglocéntrico, y que eclosionaría más tarde en los años sesenta. Por eso, junto con otros escasos ejemplos como Alicia en el país de las maravillas, se la pueda considerar la primera película infantil moderna.

Le doy un “imprescindible”.

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