Dirigida
por Lars Von Trier & Jørgen Leth, este semidocumental del 2003 es una de
las películas más inteligentes y originales sobre el cine dentro del cine.
Todo
arranca sobre la base del cortometraje que Jørgen Leth rodó en 1967 “El hombre
perfecto”, considerado por Lars como una obra maestra, sirviéndose del mismo
para crear un juego en el que él impone una serie de condiciones para que Leth
vaya haciendo distintos remakes de su corto, quizás parodiando y exaltando a la
vez el espíritu con el que Lars, junto a
Thomas Vinterberg, creó el movimiento Dogma 95 en Dinamarca y que acabaría extendiéndose
por todo el mundo más tarde.
Lo
que más me gusta de esta cinta es la dialéctica expansiva que la recorre, tanto
en la relación y el juego entre los dos directores, en la sucesión de los cortos que se van produciendo y su vinculación
con la historia personal de su director, como en la idea de documental
“trucado” pero, a la vez, resultando un gran ejercicio de exploración y honestidad.
Todo esto tiene más mérito si cabe teniendo en cuenta la trayectoria de Von
Trier, siendo tan arrogante, cabroncete y cargante a veces en sus películas. De
hecho, esa mala leche petulante es uno de los combustibles principales de esta
película, llevando a veces la tensión en las entrevistas entre los dos
directores a los límites entre el colegueo, el juego, la terapia y la
rivalidad.
La
película fue elegida para representar a Dinamarca en los Oscars, pero no
resultó seleccionada entre las 5 candidatas finales.
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